La expansión de Marria Pratts

En poco tiempo se ha convertido en uno de los nombres emergentes de la escena artística con sus dibujos, esculturas y pintura de grandes dimensiones.

Exposición de Marria Pratts en la fundación Miró (Cesar Rangel)

La inmersión en la obra de Marria Pratts (Barcelona, 1988) produce la contradictoria e inquietante sensación de llegar a un terreno devastado pero, a la vez, reconfortante. La posibilidad del reinicio después de haber superado cualquiera de esos Apocalipsis que parecían estar esperando. En esta creencia en la superación de lo más feo, tal vez, es donde reside la fuerza de esta artista, cada vez más solicitada y reconocida.

Ella misma habla de su propósito germinal, de cierta voluntad de “poner una semilla dentro de las personas que visitan la exposición, que les puede acompañar para siempre”. Se trata de crear un nuevo paisaje con “el poder mágico de la pintura, que te atraviesa inesperadamente”: un poder inalcanzable para la palabra, según Pratts, y con efectos “narcotizantes” que nos permiten “saltar al abismo”.

La artista ante una de sus pinturas expansivas (César Rangel)

Su propuesta en el Espai 13 de la Fundació Miró es una inmersión en un paisaje compuesto de acero inoxidable, neones, dibujo, escultura y pinturas de grandes dimensiones. Se le ha calificado de pintura expandida, aunque ella lo plantea como “una arquitectura, un marco de inox con unas capillas que hacen flotar a la pintura de una manera diferente”.

Paisaje interior que es arquitectura sacralizadora, en una liturgia, en algunas ocasiones individual y en otras colectiva, que empieza en la nave donde la artista tiene su taller en L’Hospitalet del Llobregat y que se prolonga en todo un proceso multidisciplinar en busca de la representación de “una realidad honesta, salvaje, muy delicada”, poblada de “apariciones” que interpelan directamente a quien observa, que intimidan en sus dimensiones y que empujan a mirarse en el espejo deformante en que se ha convertido la realidad gracias a la presencia del acero. Ya no se trata de retratar a las personas, sino de mostrarlas convertidas en sombras omnipresentes diluidas en paredes artificiales pero ya inevitables e imprescindibles.

Su proyecto en la Miró se ha calificado de “pintura expandida”, aunque ella dice plantearlo como una “arquitectura”.

Para la instalación de Espai 13 –que forma parte del ciclo Salto e inmersión, comisariada por Pere Llobera–, Marria Pratts ha contado con la colaboración del arquitecto Jorge Vidal. La independencia y su deseo de mantenerse al margen de grupos y tendencias es uno de sus atributos más celebrados. Abandonó los estudios en la Massana por la rigidez de la academia y porque no entendía el arte como algo decorativo ni como algo conceptual, sino como algo más cercano a un viaje, una evasión y una inmersión. Siempre se ha sentido más cómoda en los entornos underground, aunque ya no le satisface tampoco esta etiqueta, como ninguna otra.

Sus estancias y viajes en Los Ángeles, Nueva York, Alemania o Bélgica –ciudades en las que ha expuesto– han reforzado su vocación, más que cosmopolita, ansiosa por superar fronteras: “el cerebro se parasita del entorno en el que vives. Todo fermenta a la vez: mirada, pintura, realidad. No hace falta hacer grandes viajes para sentir nuevos parásitos”. Ha trabajado para la Fundació Miró “con mucho amor y pasión, con una ilusión especial. Es un lugar mágico, de los lugares más bonitos de la ciudad de Barcelona”.

El proyecto de Marria Pratts en el espai 13 de la Miró (César Rangel)

Aquí ha podido verse su obra en exposiciones colectivas en el Macba y en Tecla Sala, en las que se la ha posicionado como uno de los nombres más destacados del arte emergente, como también lo estuvo en la muestra Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo, con itinerancias en el Macba, el CA2M de Madrid y Artium de Vitoria, entre 2015 y 2016, cuando también sorprendió con su individual Sad City en la barcelonesa L&B Contemporary Art, de la que dejó constancia este suplemento.

El neón es con frecuencia el trazo de su pintura. También el fuego interviene en muchos de sus lienzos, que en la instalación del Espai 13 coloca en pequeñas capillas para ser observados mientras inducen a la meditación, pero también a la acción. Se trata de expandirse, de adquirir volumen, luz y un cuerpo más o menos etéreo, fundirse con ciudades que ya no existen o que todavía están por crear, aquí o en cualquier otro país. Mientras prepara un proyecto individual para “un espacio industrial histórico en el corazón de Williamsburg, Brooklyn”, con La Bibi Gallery, que podrá verse a finales de año, recientemente ha presentado el libro de artista The Social Life of Ghosts, publicado por la editorial barcelonesa Progresso y que reúne más de un centenar de dibujos: fantasmas con vida social, abismos en los que introducirse a través de figuras poco realistas, salvajes aunque en colores amables.

Marria Pratts

1 posesión Drift

Comisario: Pere Llobera. Espai 13. Fundació Joan Miró. Barcelona. www.fmirobcn.org. Hasta el 16 de octubre

Fuente: www.lavanguardia.com

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