EL NIÑO QUE VENCIÓ LA TIMIDEZ A TRAVÉS DEL ARTE

David Oliver (Palma, 1989), más conocido como Grip Face, empezó a dibujar como terapia para vencer su timidez y así poder enfrentarse a un mundo que ya entonces percibía agresivo y hostil. Hoy sus obras son cotizadas y se exponen en varios países de Europa y Asia. Soy un milennial y una víctima del ecosistema es su nueva serie, que próximamente presentará en La Bibi Gallery.

“Me siento un outsider, de niño era tímido y tuve que crearme un mundo interior, una especie de submundo paralelo al real, con el que entonces ya no me sentía identificado pues me parecía duro y agresivo. Ahora sé que el arte ha sido el mecanismo que más ha educado mi carácter, y con el que siempre me he sentido más protegido”, dice David.

Un día, cuando tenía 13 años, vio a unos chicos saltar la valla del colegio para escaparse e ir a patinar. Ese día algo “explotó” en su cabeza, y cambió para siempre el fútbol por el skate. Con el skate nació su alter ego de superhéroe, Grip Face, que literalmente significa Cara de Lija.

De pequeño le obsesionaba “todo lo que me encontraba en la calle”, y gracias a su afición a patinar empezó a entender el entorno urbano. Aunque probó durante un tiempo con el grafiti, nunca se sintió cómodo con esta especialidad, si bien descubrió otras disciplinas de intervención en espacios públicos que sí le permitían expresarse como deseaba.

A la hora de entrar en la universidad, David se dio cuenta de que sus compañeros de clase no compartían las mismas inquietudes que él. “Sentía que no podía esperar cuatro años de carrera para hacer mi primera exposición.Necesitaba hacerlo en ese momento, quería sacar todo lo que llevaba dentro”.

Su generación vivió la “crisis del ladrillo” de 2008 cuando tenían que empezar a buscarse un porvenir. “Con 18 años tuve un ataque de ansiedad en el colegio y al llegar a casa me encerré en mi habitación y dibujé lo que sentía. Aquella fue mi terapia”, dice. Unos meses después logró su primera exposición en una tienda de skates de Palma.

Sin una formación académica convencional, lo único que David deseaba era comunicar lo que llevaba dentro, adquiriendo un mensaje cada vez más personal a través de la lectura de libros, cómics o catálogos de exposiciones.

Todo su tiempo lo dedica al trabajo, “me paso el día en mi estudio, es muy sacrificado y siento que cada vez que escalo un nuevo peldaño, la presión y el esfuerzo aumentan a partes iguales”.

David adquirió reconocimiento por sus intervenciones públicas. Lo hacía de una forma “espontánea y naif, aunque en un contexto furtivo, ilegal y visceral. Lo que me atrapó del arte público fue la efimeridad de las obras, porque cuando haces una intervención no sabes cuándo desaparecerá, o si alguien pintará encima”. Su última intervención en un espacio público fue en 2019.

En los últimos tiempos se ha dedicado a la creación de cuadros y esculturas que giran en torno al concepto “de la máscara, del retrato virtual, de esa mirada que encontramos en la vida digital y offline”.

“Nunca he sentido que encaje en algún movimiento, temo que me encasillen y formar parte de algo que ya está etiquetado”, confiesa.

Ahora está investigando sobre la “basura” y la masificación tecnológica. “Como me considero parte de la primera generación tecnológica, me interesa el puente generacional de haber nacido en un contexto y vivir en otro totalmente distinto”.

Fuente: https://www.inpalma.com

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